





Por Luis R Delgado J


En San Pedro he vivido todas las experiencias humanas. Las experiencias de dolor, de muerte, de persecución a los campesinos, de calumnia, de amenazas; pero también de triunfo, de logros, de esperanzas. Y todas ellas juntas nos elevan a la experiencia de Cristo, aquel que nos llamó a vivir con intensidad toda la gama de situaciones humanas, el Cristo histórico, el Cristo de la fe, que vivió en el contexto de Nazaret, Jerusalem y siempre ha sido la fuente de inspiración para que el hombre y la mujer sean más humanos. Un Cristo que nos eleva a la categoría de un ser humano y divino al mismo tiempo. Eso me ha llenado de esperanza e ilusión, me ha dado la oportunidad de compartir con la gente, con su dolor, sufrir junto a ellos la persecución, saber qué se siente cuando se está sin tierra, sin techo, sin salud, sin educación, sin futuro como huérfanos de la sociedad. Sentir como propio su sufrimiento y dolor, me ha hecho desarrollar una sensibilidad especial por el otro que está delante nuestro, que es la imagen de Dios. Eso me ha hecho más cristiano pero también mucho más humano.
Todas y todos los que hacemos teología, los que seguimos a Dios siempre tenemos una noche oscura, y cuanto más oscura es la noche, más cerca está el amanecer, dicen los indígenas en Paraguay. Ese es un signo de búsqueda, ¿verdad? Hay una expresión muy bonita en mi país, que es muy común escucharla en el campo, que dice así: "El fuego no se apaga nunca, es eterno, y en el amanecer quedan las huellas de tizones encendidos de la noche anterior". Lo que pasa es que a ese fuego hay a atizarlo. Yo lo veo un poco así. Cada día hay que atizar el fuego, ponerlo al viento y renovarlo. Creo que la noche oscura nos llega a todos y a todas. Y también a la Iglesia Católica porque nadie tiene el monopolio de la luz. La luz la tiene Jesús, que para nuestro mundo cristiano es Él a través de su espíritu. Algunos tenemos noches luminosas, noches de claridad, donde el horizonte se ve claro. Eso forma parte de un proceso de búsqueda sincera, de búsqueda de responsabilidad, de seguimiento y, sobre todo, de testimoniar la vida de Jesús en nuestras vidas.
A finales de 2006 usted dijo "mi gran catedral a partir de hoy será todo un país". ¿Serán esa catedral y ese país con que sueña posibles de alcanzar?
Quizás es un poco ambicioso, ¿verdad? Tratar de convertir todo el país en una catedral. Lo que quise decir, de manera metafórica, es: "A partir de ahora me dedico al país. Hasta ahora estuve en una catedral enseñando, compartiendo, sufriendo, construyendo. Hoy me pongo a disposición de la ciudadanía y de todos los ciudadanos de Paraguay para construir desde la política esa nación que nos merecemos todos los paraguayos, una nación más justa, más fraterna". Al mismo tiempo, un país con más equidad social, como solemos decir, una nación reconciliada, donde la justicia no sea sólo un objeto de lujo para algunas personas pudientes, sino para todas y todos por igual. Entonces la catedral tiene esa imagen de acoger a todos. Ahí entran los pobres, los ricos, los de izquierda, los de derecha. Y para construir esa catedral hay que partir de considerar a todas y todos los paraguayos por igual.
La razón de ser de una iglesia, de una comunidad de fe es celebrar la vida, celebrar a Dios, y también alimentar la espiritualidad. Usted ha sido "separado" de su cargo, y de su comunidad por decisión de la jerarquía católica. Si ya no se tiene una comunidad, como en su caso, ¿dónde y cómo alimenta esa espiritualidad?
Bueno yo sí tengo una comunidad. Yo vivo con algunas personas en una misma casa. Es una comunidad cercana. Tengo unos amigos con los que cotidianamente comparto ideales políticos, proyectos. Quizás ya no rezo de la manera formal como en la vida religiosa, pero así como la Teología de la Liberación tiene una espiritualidad desde la realidad, hoy más que nunca veo en ese pozo de la realidad las semillas del verbo que están dispersas por la sociedad, por las culturas. Y cada día, en cada amanecer, en cada acontecimiento, en estos mismos encuentros cómo no ver la mano de Dios, cómo no ver y nutrir nuestra propia espiritualidad en el servicio generoso de construir una patria más justa para los demás. Pío XI decía que la política es la expresión más sublime de la caridad. Creo que hoy tenemos que rescatar el aspecto positivo de la política e ir construyendo una política que también nos ayude a la santidad.
Muchas veces los políticos usurpan el poder o se aferran a él. Creo sinceramente que el poder es un proceso de construcción. Nosotros, como la Teología de la Liberación, hemos optado por el método de hacer ese poder, es decir, construirlo a partir de esa realidad sangrante, desafiante, de pobreza, de miseria, de exclusión que viven nuestros pueblos. Y ese poder se construye desde abajo. El verdadero, el auténtico, el genuino cambio viene desde abajo, viene desde dentro; y no desde afuera y desde arriba. El poder se construye desde la gente más sencilla que se unen por sus reivindicaciones y también en sus grandes proyectos e ideales políticos

El Rey Juan Carlos no es más que un asesino de osos indefensos, ¿qué más se puede esperar de ese vago ocioso?Inicia sus transmisiones la radio Bolchevike, el lugar donde el nuevo amanecer despierta todos los días para los que luchamos por vivir en dignidad. Tal como en plena revolución, acá cantaremos con la cultura y con la política, con el arte y el debate, con la fuerza de las ideas y con la constante acción concientizadora.
No se sorprendan, si de vez en cuando escuchan los pasos de Stalin por estos sitios, el es un guardian de los pueblos y guardián de esta página.
Este es el lugar adecuado para el juicio a los verdugos, para la crítica revolucionaria, para el compromiso de amor cn nuestros pueblos. Si buscas paz, acá tendrás la paz de las consciencias que se resisten a ser aduladores o esclavos. Si la búsqueda es de orgullo, acá tenemos el orgullo de decir que no nos rendimos, que el capitalismo, ´vístase como se vista, es el peor enemigo de la humanidad. Si sigues la historia, esperamos que Bolívar, Sucre y SanMartín nos acompañen, el anitimperialismo y el socialismo científico se nutren también con su ejemplo y el de muchos otros. Si vienes a claudicar o a decirnos que nuestra canción pasó de moda, que nuestras sonrisas son dogmáticas y que los trabajadores ya no son la fuerza de los cambios, pues pierdes tu tiempo, agarra tu limousina negra y enrúmbate hacia los campos a reflexionar en alguna hamaca, tarde o temprano, verás que no hay dogma más atrasado que pensar que la explotación del hombre por el hombre llegará a su fin por la simple compasión.
Burócratas del mundo, a refugiarse en otro lado. Acá somos Siempre Bolcheviques, como los caminos del Che...
!un Fidel que vibra en la montaña, un rubí, 5 franjas y una estrella!
Nicolau